¿Están tus hábitos cambiando tu vida?
He escrito antes sobre la disciplina, pero últimamente he empezado a pensar más en los hábitos y en cómo las pequeñas acciones diarias pueden cambiar tu vida.
Para muchas personas, la disciplina suena restrictiva. Se siente como obligarse a hacer cosas que uno no quiere hacer. Por eso he empezado a verla de otra manera. En lugar de centrarme en la disciplina, me centro en los hábitos.
Dos libros han influido en mi forma de pensar más que la mayoría cuando se trata de hábitos y crecimiento personal: Atomic Habits, de James Clear, y The Slight Edge, de Jeff Olson. Aunque abordan el tema de formas diferentes, ambos señalan la misma verdad: las pequeñas acciones, repetidas de forma constante a lo largo del tiempo, pueden crear resultados extraordinarios.
Durante años busqué motivación. Cada vez que me sentía estancado, me ponía nuevas metas, creaba nuevos planes y buscaba formas de volver a sentirme inspirado. El problema era que la motivación siempre parecía temporal. Funcionaba durante un tiempo, a veces unas semanas, a veces unos meses, y luego desaparecía.
Con el tiempo, me di cuenta de que la motivación es una sensación maravillosa, pero una base débil. Los hábitos son mucho más fuertes.
Hoy, mi enfoque no está en sentirme motivado. Mi enfoque está en construir hábitos que conduzcan de forma natural a la siguiente acción.
Uno de los conceptos más útiles que he aprendido de Atomic Habits es el encadenamiento de hábitos. La idea es sencilla: un hábito se convierte en el detonante del siguiente.
Mi rutina matutina sigue este principio. Me despierto, hago mi rutina de la mañana, me peso, me visto, bebo un vaso de agua, me pongo los zapatos, pongo un programa de audio y salgo a caminar.
La caminata no es realmente el objetivo. El objetivo es seguir la secuencia. Cada pequeña acción conduce de forma natural a la siguiente.
Cuando vuelvo a casa, preparo el desayuno mientras sigo escuchando el audio. Después de desayunar, recojo los platos, me siento y empiezo a leer.
Ese hábito de lectura se ha convertido en una de las partes más valiosas de mi día.
Cada mañana dedico aproximadamente 90 minutos a leer y estudiar. Ahora mismo estoy leyendo How to Win Friends and Influence People y repasando notas destacadas de The Magic of Thinking Big, The Slight Edge y Atomic Habits.
Noventa minutos quizá no parezcan mucho, pero a lo largo de un año, esos noventa minutos se convierten en más de 547 horas.
Eso equivale a casi catorce semanas laborales completas invertidas en aprendizaje y crecimiento personal. Es tiempo suficiente para leer y estudiar entre 35 y 55 libros, dependiendo de su extensión y complejidad.
Piensa en eso por un momento.
¿Cómo crees que cambiaría tu vida si pasaras el próximo año estudiando entre 35 y 55 libros sobre liderazgo, comunicación, hábitos, psicología, crecimiento personal o éxito?
¿Crees que pensarías de otra manera? ¿Crees que tomarías decisiones diferentes? ¿Crees que verías oportunidades que ahora pasas por alto?
Yo estoy convencido de que sí.
Otro hábito que he incorporado es registrar mis días en un diario. Es algo sobre lo que he leído en varios libros de desarrollo personal, y John Maxwell también habla del valor de la reflexión. Pero para mí, sigue siendo un hábito nuevo.
En el pasado, a menudo leía libros sin detenerme el tiempo suficiente para reflexionar, escribir mis ideas y aplicar lo que estaba aprendiendo. Ahora estoy empezando a registrar lo que hago, en qué se va mi tiempo y qué aprendo realmente del material que estudio.
Una de las mayores sorpresas fue descubrir que tenía más tiempo disponible del que pensaba. Cuando empecé a hacer seguimiento de mis días, pude ver claramente qué me hacía avanzar y qué no.
Muchos creemos que no tenemos suficiente tiempo. Pero a veces, el verdadero problema no es el tiempo. Es que no sabemos en qué se nos está yendo.
Esto conecta directamente con una de las ideas centrales de The Slight Edge: las pequeñas acciones importan.
Las pequeñas cosas que hacemos cada día suelen parecer insignificantes en el momento. Leer diez páginas. Escuchar un audio. Salir a caminar. Dedicar unos minutos a aprender algo nuevo.
Ninguna de esas acciones parece capaz de cambiar una vida. Pero con el tiempo, se acumulan.
El mismo principio funciona a la inversa. Si dejamos de aprender, dejamos de crecer y dejamos de invertir en nosotros mismos, el deterioro suele ser tan gradual que apenas lo notamos.
Por eso creo que los hábitos son mucho más importantes que la motivación. La motivación va y viene. Los hábitos permanecen. Y con el tiempo, esos hábitos moldean la persona en la que nos convertimos.
Muchas personas pasan años intentando cambiar sus circunstancias mientras ignoran las acciones diarias que crean esas circunstancias.
El cambio real suele empezar de forma mucho más pequeña. Empieza con un solo hábito. Luego otro. Y otro.
El objetivo no es volverse perfecto de la noche a la mañana. El objetivo es simplemente avanzar. Un pequeño paso a la vez.
En mi próximo blog, exploraré algo que he entendido durante muchos años, pero que he empezado a abordar de una manera diferente: los libros, el aprendizaje y la diferencia entre simplemente leer un libro y estudiarlo de verdad.
Lectura relacionada: Los hábitos son más fáciles de mantener cuando entendemos qué es realmente la disciplina. Lee: La disciplina no es lo que la mayoría cree.
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