Sé el puente
A veces, algo parece fácil cuando lo hacemos como parte de un trabajo, pero mucho más difícil cuando lo hacemos por cuenta propia. En el trabajo, quizá no tengamos ningún problema en llamar a alguien, enviar un correo electrónico, iniciar una conversación o presentar una idea. Representamos a una empresa o cumplimos una tarea. Pero cuando empezamos a construir algo propio, esas mismas acciones pueden volverse repentinamente personales.
El teléfono parece pesar más. Dudamos antes de enviar el mensaje. Empezamos a preguntarnos qué pensará la otra persona, cómo responderá y qué podría decir su respuesta sobre nosotros. Un simple «no» puede empezar a sentirse como un rechazo personal. Pero quizá exista otra manera de verlo.
Imagina una mochila
Imagina que colocas dentro de una mochila todo lo que tienes para ofrecer. Puede ser un producto, un servicio, una oportunidad, una idea, conocimientos, experiencia o cualquier otra cosa que pueda aportar un valor real a otra persona. Te pones la mochila y la llevas contigo.
Cuando contactas con alguien, no le estás pidiendo su aprobación. Simplemente le estás dando la oportunidad de ver lo que llevas. Eres quien transmite el mensaje. También eres el puente entre esa persona y lo que llevas dentro de la mochila.
Tu responsabilidad es construir ese puente y hacer la propuesta con honestidad. La responsabilidad de la otra persona es elegir.
Un «no» no siempre tiene que ver contigo
Piensa en cómo elige la gente los supermercados. Algunas personas compran habitualmente en un supermercado y nunca elegirían otro. Otra persona puede tomar la decisión contraria. Eso no significa que alguno de los dos carezca de valor. Las personas toman decisiones diferentes según sus preferencias, necesidades, experiencias, prioridades y circunstancias actuales.
Lo mismo ocurrirá con lo que llevas. Algunas personas dirán que sí. Algunas dirán que no. Otras quizá digan que ahora no.
Algunas dirán que sí, otras que no. ¿Y qué?
Su respuesta no determina automáticamente el valor de lo que ofreces. Y, aún más importante, tampoco determina tu valor como persona.
Hay una frase que he aprendido a través del negocio al que me dedico:
«Buscamos a las personas que nos están buscando».
Eso no significa quedarnos quietos esperando a que esas personas aparezcan. Aun así, tenemos que contactar con otras personas. Tenemos que iniciar conversaciones y construir puentes. Pero no necesitamos que todo el mundo elija lo que llevamos.
Conoce el valor de lo que llevas
Esta forma de pensar también conlleva una responsabilidad. Tu mochila debería contener algo que realmente creas que puede aportar un valor real a las personas con las que contactas.
Si sabes que lo que ofreces no puede ayudarlas, entonces no estás construyendo confianza. Simplemente estás creando falsas expectativas.
Antes de sentir orgullo por lo que llevas, asegúrate de que realmente lo merezca. Comprende qué ofreces, por qué es importante y cómo puede ayudar a alguien.
Cuando tienes claro todo eso, contactar con otras personas puede empezar a sentirse diferente. No estás intentando engañar a nadie ni obligarlo a tomar una decisión. Le estás dando la oportunidad de ver algo que sinceramente crees que puede tener valor. La otra persona sigue siendo libre de elegir.
Ponte la mochila
La mochila no es solo una imagen. Puede convertirse en una herramienta mental. Antes de hacer una llamada, enviar un mensaje o iniciar una conversación, detente un momento. Imagina que te pones la mochila. Recuerda que llevas algo en lo que crees. Después, recuerda cuál es tu papel:
No eres responsable de lograr que la otra persona diga que sí. No eres responsable del momento en que se encuentra, de sus prioridades, de sus experiencias previas ni de sus preferencias personales. Eres responsable de dar el paso, construir el puente y darle la oportunidad de ver lo que llevas.
Esto puede ayudarte a separar un poco tu identidad de su respuesta. Un «no» puede seguir resultando decepcionante, pero no tiene por qué convertirse en un juicio sobre quién eres.
Autoliderazgo a través de la acción
A algunas personas les resulta fácil acercarse a otras sin darle demasiadas vueltas. Para otras, requiere valentía. No deberíamos juzgar a ninguna de ellas. Todos llevamos experiencias, miedos, fortalezas y creencias diferentes sobre nosotros mismos.
El autoliderazgo no siempre consiste en sentir confianza antes de actuar. A veces significa aprender a guiarnos a través de la incertidumbre y actuar incluso cuando esa confianza todavía no está presente.
Cuantas más veces des el paso, más natural puede llegar a resultarte. Empiezas a aprender que puedes afrontar un «no». Empiezas a separar las decisiones de los demás de tu propio valor. Empiezas a construir confianza a través de la acción.
La próxima vez que sientas inseguridad al contactar con alguien, imagina la mochila. Recuerda lo que llevas. Recuerda por qué crees que tiene valor. Ponte la mochila, construye el puente y da el siguiente paso.
Tu responsabilidad es ofrecer. La responsabilidad de la otra persona es elegir.
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