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Tu mejor inversión

Personas asistiendo a un seminario con un ponente en el escenario, simbolizando el aprendizaje, el crecimiento personal y la inversión en uno mismo.

A menudo hablamos de inversiones. Invertir en acciones. Invertir en fondos. Invertir en propiedades. Invertir en un negocio. Invertir en algo que pueda crecer con el tiempo y, con suerte, crear un futuro mejor.

Todo eso puede ser valioso. Pero creo que hay una inversión que viene antes que muchas otras.

La inversión que hacemos en nosotros mismos.

Porque no importa qué queramos construir, mejorar, cambiar o crear: siempre nos llevamos a nosotros mismos a ese proceso. Nuestra forma de pensar. Nuestros hábitos. Nuestro conocimiento. Nuestra actitud. Nuestra disciplina. Nuestra comunicación. Nuestra capacidad para manejar los contratiempos. Nuestra capacidad para aprender.

Si esas cosas no crecen, es mucho más difícil que cualquier otra cosa crezca.

Una persona puede invertir dinero sin entender realmente lo que está haciendo. Una persona puede empezar un negocio sin desarrollar las habilidades necesarias para dirigirlo. Una persona puede comenzar un camino hacia una mejor salud sin aprender a construir hábitos que duren. Una persona puede fijarse metas sin entender qué tipo de persona necesita llegar a ser para alcanzarlas.

Por eso el desarrollo personal importa.

Para mí, invertir en mí mismo ha sido una de las cosas más valiosas que he hecho. No lo digo porque haya terminado, ni porque tenga todo resuelto. No estoy donde quiero estar en todas las áreas de mi vida.

Pero puedo ver con claridad que los libros que he leído, los seminarios a los que he asistido, la formación que he recibido y el desarrollo personal con el que he trabajado han moldeado mi forma de pensar, de actuar y de mirar hacia el futuro.

No me han convertido en otra persona. Quizá esa no sea la mejor forma de ver el crecimiento.

No creo que el desarrollo personal nos transforme en alguien completamente distinto. Creo que nos ayuda a sacar más de lo que ya llevamos dentro.

Es un poco como un bloque de piedra. Al principio puede parecer tosco, poco claro e inacabado. Pero a medida que el trabajo continúa, algo empieza a aparecer. La forma se vuelve más clara. Las partes innecesarias se van quitando. La escultura no fue creada de la nada. Fue revelada a través del proceso.

Creo que el crecimiento puede funcionar de una manera parecida.

Cuanto más aprendemos, más descubrimos sobre nosotros mismos. Cuanto más nos desarrollamos, más notamos tanto nuestras fortalezas como las áreas en las que todavía necesitamos crecer. Y cuanto más entendemos, más nos damos cuenta también de todo lo que aún no sabemos.

Eso no es una debilidad. Es parte del proceso.

Invertir en nosotros mismos no siempre produce un resultado inmediato que pueda medirse en dinero. A veces el resultado se nota en nuestra forma de pensar. A veces se nota en nuestra actitud. A veces se nota en cómo manejamos la presión, cómo nos comunicamos, cómo tomamos decisiones o cómo respondemos cuando la vida no sale como habíamos planeado.

Ese tipo de retorno puede ser difícil de calcular, pero aun así puede ser extremadamente valioso.

Si invertimos en nuestra salud, podemos ganar más energía, confianza, fuerza y calidad de vida. Si invertimos en nuestra mentalidad, podemos empezar a ver posibilidades donde antes solo veíamos problemas. Si invertimos en comunicación, podemos mejorar nuestras relaciones, nuestro liderazgo y nuestra capacidad para trabajar con otras personas.

Si invertimos en educación financiera, podemos tomar mejores decisiones con el dinero. Si invertimos en desarrollo personal, podemos empezar a comprendernos a un nivel más profundo y crear una mejor dirección para nuestro futuro.

Por eso creo que este tipo de inversión es tan importante.

No se trata solo de leer un libro o asistir a un seminario. Esas cosas pueden ser poderosas, pero solo si las usamos. Un libro en una estantería no cambia mucho. Un curso que nunca aplicamos no genera mucho crecimiento. Un seminario puede inspirarnos, pero la inspiración por sí sola no es suficiente.

El verdadero valor aparece cuando tomamos lo que aprendemos y empezamos a vivirlo.

Ahí es cuando la información se convierte en transformación.

Antes de elegir dónde invertir tiempo, dinero o energía, creo que ayuda hacerse algunas preguntas honestas.

¿Qué quiero mejorar? ¿Qué tipo de persona necesito llegar a ser? ¿Qué conocimiento me falta? ¿Qué hábitos me están frenando? ¿Qué área de mi vida cambiaría más si estuviera mejor preparado?

Estas preguntas importan porque invertir en uno mismo no es una sola cosa. Puede verse diferente según lo que cada persona necesite.

Para una persona, invertir en sí misma puede significar unirse a un programa de salud, aprender a comer mejor, moverse más y construir rutinas que apoyen un mejor estilo de vida.

Para otra persona, puede significar tomar un curso sobre inversión, negocios, liderazgo, comunicación o finanzas personales.

Para alguien más, puede significar leer libros que desafíen su forma de pensar, encontrar un mentor, asistir a un seminario o aprender una habilidad que abra nuevas posibilidades.

También puede significar construir algo en paralelo mientras se sigue haciendo lo que se hace hoy. Si alguien quiere más opciones en el futuro, quizá necesite invertir en el conocimiento, los hábitos y las habilidades necesarias para crear esas opciones.

En muchos casos, el futuro que queremos requiere una versión de nosotros mismos que todavía no hemos desarrollado por completo. Eso puede ser incómodo, pero también puede ser alentador.

Porque significa que el crecimiento es posible.

No estamos limitados únicamente a lo que sabemos hoy. Podemos aprender. Podemos mejorar. Podemos volvernos más disciplinados. Podemos comunicarnos mejor. Podemos ser más conscientes. Podemos fortalecernos en las áreas que son importantes para nosotros.

Pero normalmente eso no ocurre por accidente. Ocurre porque elegimos invertir en ello.

Creo que un error que muchas personas cometen es buscar mejores resultados antes de mirar en quién se están convirtiendo. Quieren mejores finanzas, mejor salud, mejores relaciones, más confianza, mejores oportunidades o mejor liderazgo.

Pero muchos de esos resultados están conectados con el crecimiento personal.

Si quiero mejor salud, quizá necesite mejores hábitos. Si quiero mejores finanzas, quizá necesite una mejor comprensión del dinero. Si quiero mejores relaciones, quizá necesite una mejor comunicación. Si quiero mejor liderazgo, quizá necesite más autoconciencia. Si quiero mejores oportunidades, quizá necesite estar mejor preparado.

Por eso invertir en uno mismo no es egoísta. De hecho, puede hacer que aportes más valor a los demás.

Cuando creces, a menudo aportas más valor a tu familia, a tu trabajo, a tu negocio, a tu equipo y a las personas que te rodean. Estás mejor preparado para contribuir, apoyar, liderar, comunicarte y tomar decisiones.

Ese es un retorno que puede afectar a mucho más que a ti mismo.

Para mí, los libros han tenido un papel importante en esto. No todos los libros cambian una vida. No todos los cursos serán útiles. No todos los seminarios crearán una revelación. Pero cuando la idea correcta llega en el momento correcto, puede cambiar la forma en que nos vemos a nosotros mismos y a nuestro futuro.

A veces una sola idea puede cambiar nuestra forma de pensar. A veces un solo hábito puede cambiar la dirección de un año. A veces una sola decisión de crecer puede abrir puertas que antes no veíamos.

Por eso sigo volviendo a esta idea:

Antes de invertir solo en lo que está fuera de nosotros, quizá deberíamos preguntarnos también cuánto estamos invirtiendo en lo que está dentro de nosotros.

Nuestra forma de pensar. Nuestro conocimiento. Nuestra disciplina. Nuestra salud. Nuestra comunicación. Nuestra autoconciencia. Nuestra capacidad para crecer.

Porque todo lo que construimos se ve afectado por la persona en la que nos estamos convirtiendo.

Y si queremos un futuro mejor, uno de los lugares más prácticos para empezar quizá sea con nosotros mismos.

Lectura relacionada: Una buena inversión en ti mismo a menudo empieza con lo que lees y cómo lo aplicas. Lee: ¿Estás leyendo libros o solo los estás acumulando?

Quieres conocerte mejor y descubrir dónde están tus mayores oportunidades de crecimiento? Descubre más sobre Core Color – Test de personalidad.

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    La necesidad de aceptación

    Muchas personas buscan aceptación.

    Queremos sentir que lo que hacemos importa, que nuestras ideas son respetadas y que los demás nos comprenden.

    En muchos sentidos, esto es completamente natural.

    Pero la necesidad de aceptación a veces puede influir en nosotros más de lo que imaginamos.

    Cuando recibimos críticas — o incluso algo que interpretamos como una crítica — puede afectar nuestro estado emocional.

    A veces más de lo que debería.

    Un simple correo electrónico, mensaje o comentario puede provocar una reacción.

    Incluso cuando entendemos racionalmente que las personas se comunican de maneras diferentes y quizá no tengan ninguna intención negativa, las emociones pueden reaccionar primero.

    Lo reconozco en mí mismo.

    A veces un comentario o un mensaje puede quedarse en mis pensamientos más tiempo del que me gustaría.

    Incluso cuando sé, de forma lógica, que no debería ser así.

    Es algo en lo que trabajo activamente.

    Parte del crecimiento personal consiste en aprender a reconocer nuestros propios desencadenantes.

    ¿Por qué algunas cosas nos afectan más que otras?

    ¿Qué experiencias o expectativas hay detrás de esas reacciones?

    Cada persona reacciona de forma diferente ante la misma situación.

    Si diez personas viven el mismo acontecimiento, probablemente verás diez reacciones distintas.

    Nuestro pasado, nuestra personalidad y nuestras experiencias moldean la forma en que interpretamos el mundo.

    Por eso rara vez existe una forma universalmente “correcta” de reaccionar.

    Lo importante es aprender a comprendernos mejor con el tiempo.

    Porque cuando empezamos a comprender nuestras propias reacciones, también empezamos a reducir el poder que tienen sobre nuestras decisiones.

    Y ahí es donde comienza el verdadero crecimiento.

    ¿Quieres entender por qué los comentarios o las críticas te afectan como lo hacen y cómo tus patrones de respuesta influyen en tu crecimiento? Descubre más sobre el Test de estilo de retroalimentación.

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    Lo que llevas dentro

    Cuando las personas escuchan las palabras desarrollo personal, pueden preguntarse:

    «¿Significa que tengo que cambiar quién soy?»

    «¿Acaso no soy ya lo suficientemente bueno?»

    El desarrollo personal no significa convertirse en otra persona. Tampoco significa rechazar quién eres hoy ni sustituir tu personalidad por una diferente.

    Yo lo veo más bien como un escultor que trabaja con arcilla.

    La arcilla ya tiene sustancia, carácter y potencial. El escultor no la reemplaza, sino que trabaja cuidadosamente con lo que ya existe y va revelando poco a poco la forma que puede llegar a tener.

    Así es como entiendo el desarrollo personal: no se trata de crear una persona nueva, sino de revelar más de la persona que ya existe dentro de ti.

    Sacar a la luz lo que ya existe dentro de ti

    Todos tenemos fortalezas, capacidades, sueños y cualidades que quizá aún no hemos desarrollado por completo.

    Algunas pueden estar ocultas bajo el miedo, las dudas, los viejos hábitos o las experiencias del pasado. Otras simplemente necesitan atención, práctica y las herramientas adecuadas para crecer.

    El desarrollo personal nos ayuda a sacar esas cualidades a la luz.

    Puede implicar leer, aprender nuevas habilidades, reflexionar sobre nuestro comportamiento o ser más conscientes de cómo pensamos y reaccionamos. También puede ayudarnos a comprender nuestra personalidad: nuestras fortalezas naturales, nuestras tendencias y los patrones que a veces nos frenan.

    Esto no significa convertirse en una persona diferente.

    Significa llegar a ser una versión más fuerte, sabia y consciente de ti.

    Crecer también requiere cambiar

    El desarrollo personal no significa que todo en nosotros deba permanecer exactamente igual.

    Quizá necesitemos cambiar hábitos que nos limitan. Tal vez debamos mejorar nuestra forma de comunicarnos, reaccionar bajo presión, tratar a los demás o guiarnos a nosotros mismos en situaciones difíciles.

    Pero cambiar un comportamiento no es lo mismo que rechazar quiénes somos.

    Desarrollar disciplina —o crear mejores hábitos, como prefiero verlo— no significa que antes carecieras de valor. Ser más paciente, valiente o reflexivo tampoco significa convertirse en otra persona.

    Significa seguir dando forma a lo que ya existe.

    Nunca estamos completamente terminados

    Una escultura puede llegar a considerarse terminada. Los seres humanos somos diferentes.

    Siempre podemos aprender algo más sobre cómo pensamos, actuamos, afrontamos los desafíos, construimos relaciones y apoyamos a las personas que nos rodean.

    Podemos desarrollar nuevas habilidades y redescubrir sueños que quizá quedaron enterrados bajo las responsabilidades de la vida cotidiana.

    Quienes somos hoy no limita lo que podemos llegar a ser.

    Empieza por comprenderte a ti mismo

    Es difícil dar forma a algo que no comprendemos.

    El autoconocimiento nos permite ver con mayor claridad nuestras fortalezas, nuestra personalidad y los patrones que pueden estar frenándonos.

    Un test de personalidad no puede decirte en quién debes convertirte. Pero puede ayudarte a comprender con mayor claridad quién eres y dónde puede haber un potencial que todavía espera ser desarrollado.

    No eres un problema que necesita ser solucionado.

    Eres una persona que puede seguir aprendiendo, creciendo y sacando a la luz más de lo que ya existe dentro de ti.

    La arcilla ya está ahí. La pregunta es qué decidirás crear con ella.

    ¿Quieres comprender mejor las fortalezas y tendencias naturales que ya forman parte de ti? Descubre el Core Color – Test de personalidad.

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    ¿Quién controla realmente mi tiempo?

    No solo en el tiempo en un sentido práctico, como horarios, citas, horas de trabajo y rutinas diarias. Me refiero al tiempo en un sentido más profundo. El tiempo que realmente sentimos que nos pertenece. El tiempo que podemos elegir cómo usar. El tiempo que tenemos para nuestra familia, nuestra salud, nuestros intereses, nuestro crecimiento y las cosas que de verdad importan.

    En algún momento empecé a hacerme una pregunta sencilla, pero incómoda:

    ¿Cuánto de mi tiempo controlo realmente?

    Esa pregunta no pretende criticar ningún trabajo, negocio, carrera o estilo de vida. No hay una respuesta correcta o incorrecta que sirva para todo el mundo. Algunas personas aman su trabajo. Algunas personas disfrutan siendo empleadas. Otras disfrutan llevando su propio negocio. Algunas buscan estabilidad. Otras desean más libertad. Y algunas quieren una combinación de ambas cosas.

    Pero creo que sigue siendo una pregunta que vale la pena hacerse.

    Porque muchos de nosotros crecemos dentro de sistemas que moldean nuestra forma de pensar sobre el tiempo, el dinero, el trabajo y la seguridad. A menudo no cuestionamos esos sistemas porque nos parecen normales. Vamos a la escuela, nos animan a estudiar, conseguir un buen trabajo, trabajar duro, pagar nuestras cuentas, tomar vacaciones cuando sea posible y construir una vida alrededor de esa estructura.

    No hay nada malo en eso.

    Pero quizá no sea la única forma de pensar.

    Cuando era más joven, veía principalmente dos formas de ganar dinero. O eras empleado, o eras trabajador por cuenta propia. Ese era el mundo que yo entendía. Si querías ingresos, trabajabas. Si querías más ingresos, trabajabas más, te volvías mejor en lo que hacías o empezabas tu propio negocio.

    Empecé a trabajar temprano. Tuve diferentes pequeños trabajos cuando era joven, repartí publicidad y periódicos, y más tarde trabajé en la cocina y fregando platos en un barco de pasajeros. Aprendí muy pronto que el dinero normalmente venía de intercambiar tiempo por ingresos.

    De nuevo, no hay nada malo en eso. Así es como la mayoría de nosotros empieza. Así es como está estructurada gran parte de la sociedad.

    Pero más adelante en la vida, cuando entré en contacto con el desarrollo personal y con nuevas formas de pensar sobre el dinero, el tiempo y los negocios, empecé a ver algo que antes no había entendido realmente.

    Hay una diferencia entre ganar dinero por el tiempo que vendemos y construir algo que pueda generar ingresos más allá de las horas exactas que trabajamos personalmente.

    Esa idea cambió mi forma de ver el tiempo.

    Como empleado, otra persona suele decidir muchas partes del horario. Cuándo empezar. Cuándo terminar. Cuándo es posible tomar vacaciones. Qué hay que hacer. Dónde se realiza el trabajo. Qué tan flexible puede ser el día.

    Como trabajador por cuenta propia, puede haber más libertad en algunas áreas. Pero aun así, el tiempo muchas veces está conectado a clientes, encargos, plazos, proyectos y a la necesidad de seguir generando ingresos. En muchos casos, sigue siendo un intercambio de tiempo por dinero, solo que en otra forma.

    Eso no lo convierte en algo malo. Simplemente significa que libertad e ingresos no siempre son lo mismo. Una persona puede ganar buenos ingresos y aun así tener muy poco control sobre su tiempo. Una persona puede tener un negocio y aun así sentirse atrapada por las exigencias de ese negocio. Una persona puede tener un trabajo estable y aun así preguntarse qué pasaría si algo cambiara fuera de su control.

    Esa es una de las razones por las que creo que este tema importa.

    La vida puede cambiar rápidamente. Una empresa puede reorganizarse. Un cliente puede desaparecer. Un mercado puede cambiar. Una decisión política puede afectar a una industria. Un problema de salud puede cambiar lo que es posible. Una economía puede moverse en una dirección que nadie esperaba.

    A veces suceden cosas que afectan todo nuestro estilo de vida, aunque no hayamos hecho nada mal.

    Por eso ya no pienso solo en términos de ingresos. Pienso más en términos de opciones.

    ¿Tengo opciones?

    ¿Tengo un colchón de seguridad? ¿Tengo más de una forma de generar ingresos? ¿Tengo habilidades que puedan ayudarme a adaptarme? ¿Estoy construyendo algo para el futuro? ¿Tengo suficiente control sobre mi tiempo como para vivir de una manera que tenga sentido para mí?

    Esas preguntas no siempre son cómodas, pero pueden ser útiles.

    Para mí, esto no trata de decirle a nadie que deje su trabajo, que cierre su negocio o que cambie todo de inmediato. Eso sería demasiado simple, y la vida rara vez es tan simple.

    Para mí, se trata más de tomar conciencia.

    Quizá el primer paso no sea cambiarlo todo. Quizá el primer paso sea simplemente observar cómo está estructurada nuestra vida.

    ¿Cuánto de mi semana elijo realmente yo? ¿Cuánto está controlado por obligaciones? ¿Cuánto de mis ingresos depende de una sola fuente? ¿Cuánto de mi tiempo va a cosas que digo que son importantes, pero que rara vez priorizo? ¿Cuánto de mi vida está construido con intención, y cuánto es simplemente el resultado de hábitos, rutinas y expectativas que nunca cuestioné?

    Estas son preguntas importantes porque el tiempo no es solo un recurso práctico. El tiempo es vida.

    Tiempo con la familia. Tiempo con los hijos. Tiempo para la salud. Tiempo para aprender. Tiempo para reflexionar. Tiempo para un trabajo significativo. Tiempo para la aventura. Tiempo para convertirnos en la persona que queremos llegar a ser.

    Muchas personas dicen que quieren más libertad, pero la libertad no tiene que ver solo con el dinero. El dinero puede ayudar, por supuesto. Pero la libertad también tiene que ver con tener opciones. Tiene que ver con no depender por completo de una sola situación, un solo empleador, un solo cliente, un solo sistema o una sola forma de generar ingresos.

    Por eso creo que construir alternativas puede ser tan valioso.

    Una alternativa no tiene que ser algo dramático. Puede empezar de forma pequeña.

    Puede ser aprender una nueva habilidad. Puede ser leer y estudiar desarrollo personal. Puede ser construir mejores hábitos financieros. Puede ser ahorrar un porcentaje de los ingresos. Puede ser invertir en conocimiento. Puede ser crear un pequeño proyecto paralelo. Puede ser desarrollar un negocio poco a poco con el tiempo. Puede ser construir algo hoy que cree más opciones mañana.

    La cuestión no es que todo el mundo deba hacer lo mismo.

    La cuestión es empezar a pensar de otra manera.

    Si amo lo que hago hoy, eso es maravilloso. Pero aun así quiero que sea una elección, no una trampa.

    Si elijo quedarme en un trabajo, quiero que esa elección venga de la claridad, no del miedo.

    Si elijo llevar un negocio, quiero construirlo de una manera que cree más libertad, no menos.

    Si elijo usar mi tiempo de una determinada manera, quiero saber que está alineado con la vida que estoy intentando construir.

    Para mí, esa es la verdadera pregunta.

    No si estar empleado es bueno o malo. No si tener un negocio es bueno o malo. No si un camino es mejor que otro.

    La verdadera pregunta es: ¿Estoy construyendo una vida en la que tengo opciones?

    Porque cuando tenemos opciones, podemos tomar mejores decisiones. Podemos quedarnos porque queremos, no porque estamos atrapados. Podemos trabajar porque tiene sentido, no solo porque no tenemos alternativa. Podemos construir poco a poco sin pánico. Podemos pensar a largo plazo. Podemos tomar decisiones desde un lugar de fortaleza en lugar de miedo.

    Creo que esa es una de las razones por las que el desarrollo personal ha significado tanto para mí. Me abrió la mente a la idea de que la vida no tiene que verse únicamente a través de la estructura con la que crecí. Me ayudó a entender que los hábitos, la forma de pensar, las habilidades, el liderazgo, la comunicación y la conciencia financiera desempeñan un papel en la creación de más opciones.

    Y quizá ahí es donde empieza el verdadero valor.

    No en cambiarlo todo de repente.

    No en juzgar las decisiones de los demás.

    Sino en hacernos mejores preguntas.

    ¿Qué tipo de vida estoy construyendo? ¿A dónde se va mi tiempo? ¿De qué dependo? ¿Qué pasaría si algo cambiara? ¿Qué podría empezar a construir ahora que quizá me dé más opciones más adelante?

    Para mí, esta reflexión vuelve a una idea sencilla:

    Quiero ser más dueño de mi tiempo.

    No porque quiera escapar de la responsabilidad, sino porque quiero vivir con más intención. Quiero que mi tiempo, mi trabajo, mis ingresos, mis hábitos y mi crecimiento se muevan en la dirección de la vida que realmente quiero construir.

    Quizá valga la pena pensar en ello.

    Porque si el tiempo es vida, aprender a crear más opciones alrededor de nuestro tiempo puede ser una de las formas más importantes de crecimiento.

    Lectura relacionada: Crear más control sobre tu tiempo muchas veces empieza con pequeños hábitos diarios. Lee: ¿Tus hábitos están cambiando tu vida?

    ¿Quieres entender cómo tus decisiones moldean la manera en que usas tu tiempo? Descubre más sobre el Test de estilo de toma de decisiones.

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  • El valor de hacerse visible

    Crear un sitio web es una cosa.

    Compartir tus pensamientos en internet es otra.

    Pero mostrarte a ti mismo — tu rostro, tu voz y tu personalidad — en video es un nivel de exposición completamente diferente.

    Cuando te ves en cámara, es muy fácil convertirte en tu crítico más duro.

    Te fijas en todo.

    En cómo hablas.
    En cómo te ves.
    En cómo te mueves.
    En si suenas lo bastante seguro.

    Yo mismo lo he vivido mientras grababa videos para Equipido.

    Ves el video después y piensas:
    “¿Podría haberlo dicho mejor?”
    “¿De verdad me veo así?”
    “¿Debería grabarlo otra vez?”

    Pero en algún momento tienes que aceptar algo muy simple.

    Así soy yo.

    Así es como hablo.

    Así es como me veo.

    Y el juez más duro en la sala muchas veces no son los demás.

    Somos nosotros mismos.

    Cuando aceptas que no todo tiene que ser perfecto, algo cambia. Dejas de intentar controlar cada pequeño detalle y empiezas a centrarte en el mensaje.

    Algunas personas lo apreciarán.

    Otras no.

    Eso forma parte de hacerse visible.

    Pero si esperas hasta que todo se sienta perfecto antes de compartir algo con el mundo, probablemente nunca compartirás nada.

    Lectura relacionada: El miedo y la duda suelen aparecer cuando decidimos ser visibles y mostrar quiénes somos. Lee: El miedo y la duda forman parte del crecimiento.

    ¿Quieres comprender cómo tus patrones emocionales influyen en la forma en que afrontas la vulnerabilidad, el miedo al juicio y el hecho de mostrarte tal como eres? Descubre más sobre el Test de estilo emocional.

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    ¿Lees libros o solo los tienes?

    Un libro puede ser muchas cosas.

    Puede ser algo bonito para tener en una estantería. Puede ser algo que coleccionas, organizas y te sientes orgulloso de tener. Quizá tengas 200 libros, 300 libros o incluso más, colocados cuidadosamente en tu biblioteca, casi sin una sola marca.

    Y no hay nada malo en eso. Algunos libros son especiales. Algunos están firmados. Algunos tienen un significado personal. Algunos merecen conservarse limpios e intactos.

    Pero cuando hablamos de libros sobre desarrollo personal, liderazgo, comunicación, hábitos o crecimiento, creo que necesitamos hacernos una pregunta diferente.

    ¿Por qué compramos el libro en primer lugar?

    ¿Fue para que la estantería se viera mejor, o fue porque queríamos aprender algo, cambiar algo, entender algo o mejorar en alguna área de la vida?

    En mi opinión, un libro no es solo algo que se posee. Un libro es una herramienta.

    Alguien puede haber pasado años, a veces décadas, reuniendo el conocimiento, la experiencia, las historias, las lecciones, los errores y las ideas que terminaron dentro de esas páginas. En algunos casos, un libro puede representar una gran parte de la obra de vida de una persona, comprimida en 200 o 300 páginas.

    Cuando abres ese libro, no solo estás leyendo palabras. Estás accediendo a la experiencia de alguien. Estás accediendo a ideas que quizá tardaron años en comprender. Y tú puedes recibir esas ideas en cuestión de horas.

    Eso es poderoso, pero solo si usamos el libro.

    Sé que muchas personas son cuidadosas con sus libros. No quieren escribir en ellos. No quieren doblar una página. No quieren subrayar nada. Tal vez les enseñaron de pequeños a cuidar los libros, y por supuesto, hay valor en cuidar las cosas.

    Pero si el libro es una herramienta para tu crecimiento, creo que no deberías tener miedo de usarlo.

    Escribe en él. Subraya frases importantes. Dobla una página si lo necesitas. Escribe notas en los márgenes. Marca las partes que te desafían, te inspiran o te hacen detenerte a pensar.

    Atrévete un poco con él.

    Porque el propósito del libro no es solo mantenerse en perfecto estado. El propósito del libro es ayudarte a crecer.

    Por supuesto, hay excepciones. Tengo libros en los que no escribo. Tengo libros firmados por autores que son especiales para mí, y esos los dejo intactos. Pero cuando quiero estudiar realmente un libro, a menudo tengo otra copia que uso como herramienta de trabajo.

    Esa es la diferencia para mí. Algunos libros son recuerdos especiales. Otros libros son herramientas. Y cuando un libro es una herramienta, quiero usarlo plenamente.

    Hoy en día, suelo usar varias versiones del mismo libro. Puede que tenga el libro físico. Puede que tenga la versión en Kindle. Y a veces también escucho el audiolibro.

    Por ejemplo, Atomic Habits contiene tantas ideas útiles que leerlo una sola vez no es suficiente para mí. Puedo leer el libro en 10 o 12 horas, pero eso no significa que haya absorbido todo lo que James Clear ha puesto en él.

    Hay una gran diferencia entre terminar un libro y aprender realmente de él.

    Por eso me gusta usar subrayados, notas y repetición. Con Kindle puedo marcar secciones importantes, exportar mis notas y luego sentarme más tarde a estudiarlas con más calma. Con un audiolibro puedo escuchar mientras camino, conduzco o preparo el desayuno. Con un libro físico puedo marcar las páginas y escribir mis propios pensamientos directamente junto a las ideas del autor.

    Cada formato me da una forma diferente de conectar con el material. Y eso lleva a otro punto importante: un libro no es solo una herramienta de lectura. También puede ser una herramienta de reflexión.

    Cuando leo un buen libro de desarrollo personal o liderazgo, no solo quiero preguntarme: “¿Qué dijo el autor?”. También quiero preguntarme: ¿Cómo se aplica esto a mi vida? ¿Dónde ya estoy haciendo esto? ¿Dónde no lo estoy haciendo? ¿Qué debería cambiar? ¿Qué cosa puedo empezar a aplicar hoy?

    Ahí es donde empieza el verdadero valor.

    Porque leer un libro no cambia tu vida automáticamente. Estudiarlo quizá sí. Aplicarlo quizá sí. Volver a él quizá sí. Enseñárselo a otra persona quizá sí.

    Otra forma poderosa de usar un libro es estudiarlo junto con otras personas.

    Esto puede hacerse en un grupo mastermind, un grupo de estudio, un equipo o incluso con un solo amigo. Hace un tiempo, un amigo y yo hicimos exactamente eso. Elegimos un libro, leímos un capítulo cada semana y luego nos reuníamos en una videollamada de una hora para comentarlo.

    El propósito no era solo hablar del capítulo. El propósito era preguntarnos qué significaban las ideas, cómo se aplicaban a nuestras vidas y cómo podíamos usarlas de forma práctica en la vida diaria y en los negocios.

    Ese tipo de conversación puede hacer que un libro sea mucho más valioso. Escuchas la perspectiva de otra persona. Explicas tus propios pensamientos. Te ves obligado a pensar con más profundidad sobre lo que has leído. Y a veces, ahí es cuando el libro empieza realmente a ser útil.

    Si estás construyendo una organización, liderando personas, desarrollándote a ti mismo o ayudando a otra persona a crecer, los libros pueden convertirse en herramientas prácticas. Un libro como The Magic of Thinking Big, un libro de John Maxwell u otro libro de liderazgo puede ser algo que lees para ti, pero también algo que recomiendas o prestas a alguien que está comenzando su propio camino.

    Pero si vas a recomendar un libro, ayuda haberlo estudiado tú mismo. No solo haberlo leído una vez. Haberlo estudiado.

    Porque entonces sabes por qué importa. Sabes qué partes son útiles. Sabes qué preguntas plantea. Sabes cómo puede ayudar a alguien a pensar de otra manera.

    Por eso creo que la pregunta “¿Qué es un libro?” es más importante de lo que parece al principio.

    Para algunas personas, un libro es decoración. Para otras, es entretenimiento. Para otras, es un objeto de colección. Para otras, es una herramienta.

    Ninguna de esas respuestas es automáticamente incorrecta. Pero creo que necesitamos ser honestos con nosotros mismos.

    Cuando se trata de libros sobre crecimiento, liderazgo, hábitos, comunicación o éxito, ¿por qué los compramos? ¿Los compramos principalmente para tenerlos, o los compramos para usarlos?

    Porque si el objetivo es crecer, entonces el libro necesita convertirse en algo más que algo que está en una estantería. Necesita formar parte del proceso.

    Quizá eso signifique escribir en él. Quizá signifique subrayar. Quizá signifique escucharlo más de una vez. Quizá signifique exportar tus notas y estudiarlas. Quizá signifique hablar sobre él con otra persona. Quizá signifique tomar una idea y aplicarla durante la próxima semana.

    El punto no es que todo el mundo tenga que usar los libros de la misma manera.

    El punto es considerar si cada libro necesita ser tratado como algo frágil, especialmente cuando el verdadero valor no está en mantener las páginas perfectas.

    El verdadero valor está en lo que el libro te ayuda a entender, cambiar y aplicar.

    Así que quizá la próxima vez que tomes un libro, especialmente un libro sobre desarrollo personal o liderazgo, puedas preguntarte: ¿para qué es este libro?

    ¿Es algo que quiero mantener perfecto?

    ¿O es algo que quiero usar?

    Para mí, muchos de mis libros son herramientas.

    Y una herramienta está hecha para usarse.

    ¿Quieres entender qué te ayuda a convertir lo que aprendes en acción y avanzar hacia el crecimiento que buscas? Descubre más sobre el Test de estilo para alcanzar objetivos.



















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    ¿Están tus hábitos cambiando tu vida?

    He escrito antes sobre la disciplina, pero últimamente he empezado a pensar más en los hábitos y en cómo las pequeñas acciones diarias pueden cambiar tu vida.

    Para muchas personas, la disciplina suena restrictiva. Se siente como obligarse a hacer cosas que uno no quiere hacer. Por eso he empezado a verla de otra manera. En lugar de centrarme en la disciplina, me centro en los hábitos.

    Dos libros han influido en mi forma de pensar más que la mayoría cuando se trata de hábitos y crecimiento personal: Atomic Habits, de James Clear, y The Slight Edge, de Jeff Olson. Aunque abordan el tema de formas diferentes, ambos señalan la misma verdad: las pequeñas acciones, repetidas de forma constante a lo largo del tiempo, pueden crear resultados extraordinarios.

    Durante años busqué motivación. Cada vez que me sentía estancado, me ponía nuevas metas, creaba nuevos planes y buscaba formas de volver a sentirme inspirado. El problema era que la motivación siempre parecía temporal. Funcionaba durante un tiempo, a veces unas semanas, a veces unos meses, y luego desaparecía.

    Con el tiempo, me di cuenta de que la motivación es una sensación maravillosa, pero una base débil. Los hábitos son mucho más fuertes.

    Hoy, mi enfoque no está en sentirme motivado. Mi enfoque está en construir hábitos que conduzcan de forma natural a la siguiente acción.

    Uno de los conceptos más útiles que he aprendido de Atomic Habits es el encadenamiento de hábitos. La idea es sencilla: un hábito se convierte en el detonante del siguiente.

    Mi rutina matutina sigue este principio. Me despierto, hago mi rutina de la mañana, me peso, me visto, bebo un vaso de agua, me pongo los zapatos, pongo un programa de audio y salgo a caminar.

    La caminata no es realmente el objetivo. El objetivo es seguir la secuencia. Cada pequeña acción conduce de forma natural a la siguiente.

    Cuando vuelvo a casa, preparo el desayuno mientras sigo escuchando el audio. Después de desayunar, recojo los platos, me siento y empiezo a leer.

    Ese hábito de lectura se ha convertido en una de las partes más valiosas de mi día.

    Cada mañana dedico aproximadamente 90 minutos a leer y estudiar. Ahora mismo estoy leyendo How to Win Friends and Influence People y repasando notas destacadas de The Magic of Thinking BigThe Slight Edge y Atomic Habits.

    Noventa minutos quizá no parezcan mucho, pero a lo largo de un año, esos noventa minutos se convierten en más de 547 horas.

    Eso equivale a casi catorce semanas laborales completas invertidas en aprendizaje y crecimiento personal. Es tiempo suficiente para leer y estudiar entre 35 y 55 libros, dependiendo de su extensión y complejidad.

    Piensa en eso por un momento.

    ¿Cómo crees que cambiaría tu vida si pasaras el próximo año estudiando entre 35 y 55 libros sobre liderazgo, comunicación, hábitos, psicología, crecimiento personal o éxito?

    ¿Crees que pensarías de otra manera? ¿Crees que tomarías decisiones diferentes? ¿Crees que verías oportunidades que ahora pasas por alto?

    Yo estoy convencido de que sí.

    Otro hábito que he incorporado es registrar mis días en un diario. Es algo sobre lo que he leído en varios libros de desarrollo personal, y John Maxwell también habla del valor de la reflexión. Pero para mí, sigue siendo un hábito nuevo.

    En el pasado, a menudo leía libros sin detenerme el tiempo suficiente para reflexionar, escribir mis ideas y aplicar lo que estaba aprendiendo. Ahora estoy empezando a registrar lo que hago, en qué se va mi tiempo y qué aprendo realmente del material que estudio.

    Una de las mayores sorpresas fue descubrir que tenía más tiempo disponible del que pensaba. Cuando empecé a hacer seguimiento de mis días, pude ver claramente qué me hacía avanzar y qué no.

    Muchos creemos que no tenemos suficiente tiempo. Pero a veces, el verdadero problema no es el tiempo. Es que no sabemos en qué se nos está yendo.

    Esto conecta directamente con una de las ideas centrales de The Slight Edge: las pequeñas acciones importan.

    Las pequeñas cosas que hacemos cada día suelen parecer insignificantes en el momento. Leer diez páginas. Escuchar un audio. Salir a caminar. Dedicar unos minutos a aprender algo nuevo.

    Ninguna de esas acciones parece capaz de cambiar una vida. Pero con el tiempo, se acumulan.

    El mismo principio funciona a la inversa. Si dejamos de aprender, dejamos de crecer y dejamos de invertir en nosotros mismos, el deterioro suele ser tan gradual que apenas lo notamos.

    Por eso creo que los hábitos son mucho más importantes que la motivación. La motivación va y viene. Los hábitos permanecen. Y con el tiempo, esos hábitos moldean la persona en la que nos convertimos.

    Muchas personas pasan años intentando cambiar sus circunstancias mientras ignoran las acciones diarias que crean esas circunstancias.

    El cambio real suele empezar de forma mucho más pequeña. Empieza con un solo hábito. Luego otro. Y otro.

    El objetivo no es volverse perfecto de la noche a la mañana. El objetivo es simplemente avanzar. Un pequeño paso a la vez.

    En mi próximo blog, exploraré algo que he entendido durante muchos años, pero que he empezado a abordar de una manera diferente: los libros, el aprendizaje y la diferencia entre simplemente leer un libro y estudiarlo de verdad.

    Lectura relacionada: Los hábitos son más fáciles de mantener cuando entendemos qué es realmente la disciplina. Lee: La disciplina no es lo que la mayoría cree.

    ¿Quieres entender qué mantiene viva tu motivación y te ayuda a ser constante con los hábitos que te hacen avanzar? Descubre más sobre el Test de estilo para alcanzar objetivos.

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