Compréndete a ti mismo primero
Compréndete a ti mismo primero
El desarrollo personal suele relacionarse con libros, hábitos, disciplina, metas, liderazgo y acción. Todo eso importa.
Pero creo que hay una parte que es fácil pasar por alto.
Comprenderse a uno mismo.
Porque si no nos comprendemos a nosotros mismos, se vuelve mucho más difícil entender por qué actuamos como actuamos, por qué algunos hábitos nos funcionan y otros no, por qué ciertas metas nos motivan mientras otras nos generan resistencia, y por qué la comunicación con otras personas a veces se vuelve más difícil de lo necesario.
Esa es una de las razones por las que creo que la autoconciencia es una base tan importante para el crecimiento personal.
Podemos leer un buen libro. Podemos escuchar excelentes consejos. Podemos fijarnos metas. Podemos decidir cambiar. Pero si no nos comprendemos a nosotros mismos, puede que sigamos intentando construir nuestra vida de una forma que en realidad no encaja con nuestra manera de ser.
Esto no significa que la personalidad deba convertirse en una excusa. No significa que debamos decir: “Así soy yo”, y evitar crecer.
Significa lo contrario.
Cuando nos comprendemos mejor, podemos crecer de una forma más inteligente.
Por ejemplo, cuando hablamos de hábitos, es fácil pensar que el mismo método debería funcionar para todos. Levantarse más temprano. Seguir la misma rutina. Usar el mismo sistema. Fijarse el mismo tipo de metas. Medir el progreso de la misma manera.
Pero las personas son diferentes. Algunas se motivan con la estructura. Otras necesitan más flexibilidad. Algunas se impulsan por los resultados. Otras necesitan significado y conexión. Algunas personas disfrutan los planes detallados. Otras se sienten atrapadas cuando hay demasiados detalles. Algunas actúan rápido y ajustan sobre la marcha. Otras necesitan tiempo para pensar antes de actuar.
Nada de esto está bien o mal. Simplemente es diferente.
Por eso creo que los tests de personalidad y las herramientas de personalidad pueden ser valiosos. No porque definan todo sobre nosotros, sino porque pueden darnos un lenguaje para cosas que quizá ya sentimos, pero que todavía no hemos entendido con claridad.
Una buena herramienta de personalidad no encierra a una persona en una caja. Ayuda a una persona a comprender la caja en la que quizá ya estaba viviendo sin darse cuenta.
Cuando empezamos a comprender nuestro propio estilo de personalidad, podemos empezar a hacernos mejores preguntas.
¿Por qué reacciono de esta manera? ¿Por qué evito ciertas cosas? ¿Por qué algunas situaciones me dan energía y otras me la quitan? ¿Por qué me comunico bien con algunas personas, pero me cuesta con otras? ¿Por qué ciertas metas me inspiran, mientras otras se sienten pesadas aunque sean importantes?
Estas preguntas pueden crear un valor real.
Porque el crecimiento personal no consiste solo en esforzarse más. A veces consiste en comprender mejor.
Si una persona se fija una meta de una forma que no encaja con su personalidad, la meta puede ser buena, pero el enfoque puede estar equivocado. Entonces puede frustrarse y pensar que le falta disciplina, motivación o fuerza de voluntad.
Pero quizá el verdadero problema no sea la meta. Quizá el verdadero problema sea el sistema alrededor de esa meta.
Una persona puede necesitar más estructura. Otra puede necesitar más libertad. Una persona puede necesitar rendición de cuentas. Otra puede necesitar una razón personal clara. Una persona puede necesitar un plan detallado. Otra puede necesitar un primer paso sencillo.
La misma meta puede requerir caminos diferentes según la persona.
Esa es una de las razones por las que creo que la autoconciencia puede hacer que los hábitos sean más fuertes. Cuando nos comprendemos mejor, podemos diseñar hábitos que tengan más posibilidades de durar.
Podemos dejar de copiarlo todo de otras personas y empezar a preguntarnos:
¿Qué funciona para mí? ¿Qué tipo de entorno me ayuda? ¿Qué suele frenarme? ¿Qué me da energía? ¿Qué me hace perder el enfoque? ¿Qué tipo de apoyo necesito?
Eso no es debilidad. Es sabiduría.
Lo mismo ocurre con la comunicación.
Muchos conflictos no ocurren porque las personas sean malas. Ocurren porque las personas ven las cosas de manera diferente, procesan la información de manera diferente, toman decisiones de manera diferente y se comunican de manera diferente.
Una persona puede hablar de forma directa y pensar que está siendo clara. Otra persona puede vivir esa misma claridad como presión.
Una persona puede necesitar datos y detalles antes de tomar una decisión. Otra puede querer primero la visión general.
Una persona puede querer actuar rápido. Otra puede necesitar tiempo para reflexionar.
Una persona puede demostrar que le importa resolviendo problemas. Otra puede demostrarlo escuchando.
Cuando no entendemos estas diferencias, es fácil malinterpretarnos. Podemos pensar que alguien es difícil, desinteresado, demasiado lento, demasiado intenso, demasiado emocional, demasiado frío, demasiado detallista o demasiado descuidado.
Pero a veces simplemente es diferente a nosotros.
Cuando entendemos los estilos de personalidad, podemos mejorar nuestra capacidad de encontrarnos con las personas donde están. Eso puede ayudar en el trabajo. Puede ayudar en el liderazgo. Puede ayudar en los negocios. Puede ayudar en las amistades. Puede ayudar en la vida familiar. Incluso puede ayudar con los hijos, porque un niño puede no comunicarse, aprender o responder de la misma manera que su padre o su madre.
Si solo nos comunicamos desde nuestro propio estilo, podemos no llegar realmente a la otra persona. Pero si aprendemos a comprender su estilo, quizá encontremos una mejor forma de conectar con ella.
Eso no significa que tengamos que cambiar quienes somos. Significa que nos volvemos más conscientes de cómo se recibe nuestro mensaje.
Para mí, esa es una de las razones más fuertes para aprender más sobre la personalidad. Nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos, pero también nos ayuda a comprender a los demás.
Y cuando comprendemos mejor a los demás, solemos juzgar menos y comunicarnos mejor.
Por supuesto, un test de personalidad no es toda la verdad sobre una persona. Ningún test puede explicarlo todo. Las personas son complejas. Tenemos experiencias, valores, hábitos, antecedentes, miedos, fortalezas y sueños diferentes.
La mayoría de nosotros también somos una combinación de varios estilos. No somos una sola cosa.
Eso es importante recordarlo.
Una herramienta de personalidad debe usarse como una guía, no como una etiqueta. Debe abrir la reflexión, no cerrar la conversación. Debe ayudarnos a crecer, no limitar lo que podemos llegar a ser.
Por eso creo que el verdadero valor no está solo en hacer un test. El valor está en lo que hacemos con la información después.
¿Reflexionamos sobre ella? ¿Reconocemos patrones? ¿La usamos para mejorar nuestros hábitos? ¿La usamos para comunicarnos mejor? ¿La usamos para fijar metas de una forma que encaje mejor con nosotros? ¿La usamos para comprender a otras personas con más paciencia?
Ahí es donde empieza el crecimiento.
También creo que puede ser útil volver a la autoconciencia con el tiempo. Puede que no nos convirtamos en una persona completamente distinta, pero sí crecemos. Pasamos por nuevas experiencias. Desarrollamos nuevas habilidades. Maduramos en algunas áreas. Podemos notar patrones que antes no veíamos.
Por eso la autoconciencia no es algo que hacemos una vez y luego queda terminado. Es algo a lo que volvemos.
Cuanto más aprendemos sobre nosotros mismos, mejor preparados estamos para construir la vida que queremos.
Si queremos mejores hábitos, ayuda comprender qué tipo de estructura nos apoya. Si queremos mejores metas, ayuda comprender qué nos motiva de verdad. Si queremos una mejor comunicación, ayuda comprender cómo nos expresamos de forma natural y cómo los demás pueden recibirlo. Si queremos mejores relaciones, ayuda comprender que no todos piensan, sienten o responden de la misma manera que nosotros. Si queremos mejor liderazgo, ayuda comprendernos a nosotros mismos y también a las personas que lideramos.
Por eso creo que comprenderse a uno mismo no es algo menor.
Es una base.
Porque cuando nos comprendemos a nosotros mismos, podemos construir mejores hábitos. Podemos tomar mejores decisiones. Podemos comunicarnos con más conciencia. Podemos fijarnos metas de una forma que encaje mejor con nosotros. Podemos dejar de luchar contra partes de nosotros mismos y empezar a trabajar con nosotros mismos.
Y cuando nos comprendemos mejor, también nos volvemos más capaces de comprender a los demás.
Esa puede ser una de las partes más valiosas del crecimiento personal. No solo volvernos mejores para nosotros mismos, sino también volvernos más fáciles de entender, más fáciles de trabajar y mejores para comprender a las personas que nos rodean.
Así que antes de preguntarnos únicamente qué hábito deberíamos construir, qué meta deberíamos fijarnos o qué resultado queremos crear, quizá también deberíamos preguntarnos:
¿Me comprendo lo suficiente como para construir esto de la forma correcta?
Porque a veces el siguiente paso en el crecimiento no es solo hacer más. A veces el siguiente paso es comprender más.
Y esa comprensión puede cambiar la forma en que construimos todo lo demás.
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